Cómo usar dibujos simples para entender mejor los problemas de negocio

En los negocios, muchos problemas no se complican porque falten datos, sino porque no sabemos cómo ordenarlos, ver sus relaciones o explicar con claridad lo que está pasando. Dan Roam parte de una idea sencilla: un dibujo puede hacer visible lo que entre textos, cifras y presentaciones permanece confuso.

Roam es uno de los referentes del pensamiento visual aplicado a los negocios y ha trabajado con organizaciones como Google, eBay, General Electric, Walmart y el Senado de Estados Unidos. En Tu mundo en una servilleta muestra cómo usar dibujos simples para entender problemas, desarrollar ideas y comunicarlas mejor.

Este artículo reúne ideas, herramientas y modelos extraídos del libro que merece la pena conservar y aplicar. Cada bloque desarrolla una de esas piezas y la convierte en una clave práctica para pensar, decidir y actuar mejor en los negocios.

La primera es también la más básica: dibujar para aclarar lo que pensamos y comunicarlo mejor.

Basta con usar garabatos simples, como los que harías en una servilleta de bar, para aclararte tú mismo y explicar mejor tus ideas a los demás.

Muchas veces pensamos que para explicar algo hace falta mucho texto, presentaciones con gráficos, tablas, etc. Pero puedes usar dibujos simples para pensar mejor, ver las cosas con claridad y compartir soluciones de forma visual, rápida y directa.

El pensamiento visual es algo que todos tenemos de forma natural. Solo hay que volver a usarlo. Cuando dibujas una idea, la entiendes mejor tú y la entienden mejor los demás.

Muchas grandes ideas, negocios o soluciones han nacido literalmente de un dibujo hecho en una servilleta mientras alguien tomaba un café. No porque la servilleta tenga nada especial, sino porque el garabato permite pensar rápido, corregir rápido y compartir una idea sin convertirla todavía en una presentación cerrada.

El meollo de un negocio es el arte de resolver problemas. Hay que buscar una manera más rápida de mirar los inconvenientes, de entenderlos más por intuición y enfrentarlos con más seguridad, y de comunicar más ágilmente lo que descubrimos.

Los dibujos sirven para representar conceptos complejos y resumir una vasta serie de trozos de información de una forma fácil de ver y de entender; por tanto, son útiles para aclarar y resolver problemas empresariales de todo tipo: lograr que un equipo de personas entienda cómo funciona un sistema y dónde encajan dentro de ese sistema, ayudar a una persona encargada de tomar una decisión a aclarar sus ideas y a mejorar la manera en que comunica sus ideas a los demás, entender un mercado y el impacto potencial que las modificaciones hechas a un producto puedan tener sobre este.

Ejemplo práctico: tres círculos para aclarar una decisión de negocio

Imaginemos que queremos crear un sitio web útil para una empresa. En vez de empezar hablando de tecnología, diseño, plataformas o funcionalidades sueltas, abordamos el problema reduciéndolo a tres círculos: Marca. Contenido. Función.

La idea es sencilla: para construir algo útil no hace falta empezar por la herramienta, sino por lo que las personas necesitan.

Lo que la gente quiere hacer determina la función.
Lo que la gente quiere saber determina el contenido.
Lo que queremos que la gente recuerde determina la marca.

Ese pequeño dibujo no resuelve todo el proyecto, pero hace algo más importante al principio: da un punto de partida claro. Permite saber qué hay que investigar, qué preguntas hay que responder y qué piezas no se pueden mezclar.

Si el cliente no sabe qué quiere que la gente haga, no puede definir bien la función. Si no sabe qué quiere que la gente sepa, no puede ordenar bien el contenido. Y si no sabe qué quiere que la gente recuerde, la marca queda flotando.

La lección es clara: un dibujo simple puede servir para descubrir y aclarar ideas propias, explicar esas ideas a otros y ayudarles a descubrir cosas nuevas sobre la marcha.

Y aquí aparecen dos cosas importantes. La primera es que, en el mundo de los negocios, se habla mucho de datos, estrategia, comunicación y ventas, pero se usa muy poco el pensamiento visual como herramienta práctica para resolver problemas reales. La segunda es que muchos materiales que parecen distintos —mapas, esquemas, gráficos, dibujos, matrices, servilletas— en realidad esconden una pequeña serie de patrones comunes.

De ahí sale una conclusión útil: si el pensamiento visual puede dividirse en herramientas simples y repetibles, entonces puede convertirse en una forma práctica de afrontar problemas de negocio: descubrir ideas, desarrollar conceptos, comunicar mejor y vender con más claridad.

Siempre que un problema de negocio pueda aclararse con un dibujo, conviene dibujarlo. No para hacerlo bonito, sino para entenderlo antes, discutirlo mejor y avanzar con menos confusión.

Un caso práctico

Imaginemos ahora una empresa editorial llamada “Nura” que tiene un problema serio de reconocimiento de marca. Es una compañía grande, mueve miles de millones y quiere preparar su salida a bolsa, pero se encuentra con un problema: muchos inversores y clientes apenas saben quién es.

La empresa encarga encuestas, entrevistas y estudios de marca. El resultado es el típico problema de negocio moderno: demasiada información y poca claridad. Hay informes, gráficos, tablas, datos de competidores, ingresos, mercados, sectores y percepciones de marca. Todo parece importante, pero nada ayuda todavía a tomar una decisión clara.

Aplicando la tabla de los seis tipos de problemas a este caso, la información empieza a ordenarse así:

Quién/qué: quiénes son los competidores, qué industrias atienden y qué productos ofrecen.
Cuánto: cuánto ingresa cada competidor y qué tamaño tiene cada uno dentro del mercado.
Cuándo: qué años de información son relevantes para comparar ventas e ingresos.
Dónde: en qué sectores o mercados está presente cada competidor.
Cómo: cómo se relaciona el reconocimiento de marca con todos esos factores.

El dibujo que surge a continuación resume toda la información y nos muestra el descubrimiento que buscamos:

Por qué: por qué la empresa es tan desconocida a pesar de su tamaño.

Al ordenar los datos así, se ve que el problema no es simplemente “falta de publicidad”. Es un problema de posición y percepción. La empresa tiene presencia, productos y tamaño, pero el mercado no la tiene ubicada mentalmente con claridad.

Esa es la utilidad real de las seis categorías: no dan la respuesta final, pero convierten una montaña de información en un mapa de diagnóstico. Separan piezas, hacen visibles los patrones y muestran qué pregunta falta responder.

En los negocios, muchas veces el problema no es que falten datos. El problema es que nadie sabe todavía qué tipo de problema tiene delante.

Cuanto más podamos apoyarnos en nuestras tres herramientas «intrínsecas» del pensamiento visual (los ojos, el ojo de la mente y la coordinación ojo-mano), más descubriremos sobre nuestras capacidades innatas para pensar visualmente.

Apoyarnos en las herramientas «intrínsecas» de cada uno arrojará beneficios también en el momento de compartir los dibujos con otras personas:

1- A las personas les gusta ver los dibujos de los demás.

En las presentaciones, el público responde mejor a las imágenes dibujadas a mano (por burdas que sean) que a los gráficos muy pulidos. La espontaneidad y naturalidad de los dibujos hechos a mano los hacen menos intimidantes y más atractivos; y nada aclara más una imagen (ni siquiera una imagen compleja) que ver cómo es dibujada paso a paso.

2- Las imágenes esbozadas a mano se pueden crear con rapidez y cambiar con facilidad.

El pensamiento que se hace mediante dibujos es fluido y el proceso visual de prueba ocurre todo el tiempo. Es poco frecuente que al final un dibujo sea idéntico a lo que se concibió al comienzo, así que es importante poderlo repasar y modificar.

3- Los ordenadores hacen que sea demasiado fácil dibujar lo que no lo es.

Buena parte de los programas que se utilizan para crear dibujos vienen con ciertas funciones incluidas para hacer gráficos. Eso está perfecto si suponemos que sabemos qué clase de dibujo es el mejor para ilustrar un punto… una suposición que casi siempre es incorrecta.

Pero la razón más importante para apoyarse en las herramientas «intrínsecas» es que, al final, el pensamiento visual no tiene que ver con cuán pulidas sean nuestras presentaciones, sino con cuán cómodos nos sintamos al pensar con los ojos.

Nacemos con una capacidad visual muy potente. Vemos, imaginamos, reconocemos patrones y usamos las manos para representar ideas. El problema es que tratamos esa capacidad como algo secundario o improvisado, cuando en realidad puede convertirse en una herramienta muy seria para resolver problemas.

Para usar mejor esa capacidad, necesitamos una especie de cuerda guía.

La imagen tiene sentido porque pensar visualmente puede parecer algo difuso: mirar, dibujar, imaginar, ordenar ideas, explicar problemas… Todo se mezcla. Una cuerda guía sirve justo para lo contrario: te da una dirección, te permite avanzar sin perderte y une varias partes distintas en un mismo recorrido.

Es una forma simple de recordar que el pensamiento visual no depende solo de dibujar, sino de combinar tres cosas:

La cuerda guía funciona porque convierte algo que parece intuitivo en un recorrido práctico. Nos recuerda que pensar con imágenes no es hacer dibujos bonitos, sino mirar con más intención, imaginar con más claridad y mostrar lo que pensamos de forma visible.

Si quieres pensar visualmente con claridad, no empieces dibujando. Sigue esta secuencia: primero recoges información, luego detectas patrones, después manipulas mentalmente esos patrones y solo al final los muestras de forma clara.

Por eso, antes de mostrar, mira. Antes de concluir, ve. Antes de explicar, imagina.

Cuando tengas un problema, una idea o una explicación difícil, no empieces por PowerPoint, un gráfico o un dibujo final. Haz esto:

1. Mira: enumera todo lo que hay.
2. Ve: agrupa y elimina ruido.
3. Imagina: prueba conexiones, analogías y alternativas.
4. Muestra: elige el dibujo más simple que aclare la idea.

Pero hay que recordar que este proceso no siempre es lineal. En la práctica funciona como un circuito. Mirar te ayuda a ver mejor; ver te obliga a volver a mirar; imaginar revela conexiones ocultas; y mostrar pone la idea a prueba frente a otros.

La mayoría de la gente salta directamente a mostrar. Por eso muchos gráficos, esquemas y presentaciones parecen visualmente trabajados, pero son mentalmente pobres.

La próxima vez que tengas delante un problema de negocio, no empieces abriendo PowerPoint, preparando una tabla perfecta o buscando más información por inercia.

Empieza con una hoja en blanco.

Dibuja el problema de la forma más simple posible: quién está implicado, qué piezas hay sobre la mesa, dónde está el bloqueo, qué falta, qué sobra, qué relación hay entre las partes y qué decisión hay que tomar.

No hace falta que el dibujo sea bonito. De hecho, si al principio queda feo, mejor. Eso significa que todavía estás pensando, no vendiendo una respuesta cerrada.

El pensamiento visual sirve justo para eso: convertir una situación confusa en algo que se pueda mirar, discutir, corregir y mejorar.

Si el problema es de personas, dibuja personas.
Si es de cantidades, dibuja proporciones.
Si es de tiempo, dibuja una secuencia.
Si es de encaje, dibuja un mapa.
Si es de funcionamiento, dibuja relaciones.
Si es de causa, dibuja el sistema completo.

La clave no es dibujar más. Es mirar mejor.

Porque en los negocios muchas veces creemos que nos falta una gran idea, cuando en realidad nos falta una imagen clara del problema.

Y ahí empieza todo: cuando dejamos de hablar del problema en abstracto y empezamos a verlo sobre el papel.

Deja un comentario

Volver arriba

Descubre más desde Nuracast

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo